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La escena puede ser la
típica que se presenta en muchos hogares: Jorge llega de
trabajar, deja su maletín y pregunta que hay para cenar.
Sandra se apura y sirve los fideos en la mesa... llama a los chicos.
Martina está con la computadora, chateando con sus amigos
y tardará veinte minutos en hacer caso al grito de la mamá.
Benjamín baja corriendo, pero apurado para cambiar en la
tele de abajo el canal donde transmitirán el partido de Argentina.
La familia se sienta en la mesa y Sandra intenta preguntar a su
marido como le fue en el trabajo. Como respuesta recibe un "shhhhhhh",
a coro de su hijo y su esposo: "Para que ya empieza el partido",
le avisan. Al rato, Martina, la menor de la familia, baja de su
habitación y se queja porque la comida esta fría.
Come dos bocados y vuelve a irse a su cuarto para seguir online
con sus amigas. En esta familia ¿falla la comunicación?
¿Es común no poder intercambiar ni una palabra con
los hijos porque se interponen todo el tiempo los soportes digitales,
cualquiera fueran?
Detalles más, detalles menos, esta escena parece ser cada
vez más común en los senos familiares. Todos alguna
vez seguramente sentimos que las nuevas tecnologías nos habían
invadido y contaminado el dialogo en el hogar. ¿O acaso no
estuvimos a punto de entrar en pánico aquella noche que se
cortó la luz hasta la madrugada y sentimos que no teníamos
nada que hacer, sin televisión y sin computadora, sentados
alrededor de una mesa mirando nuestras caras pálidas a la
luz de las velas?
Muchos podrán culpar a esta era digital y tecnológica
que nos aísla del resto y atenta contra el dialogo, pero
la realidad es que ninguna tecnología puede arruinar algo
que previamente no existía. Es decir que "Internet,
la televisión o los videojuegos jamás pueden avanzar
sobre algo que esta consolidado familiarmente y que es la comunicación
entre padres e hijos", comentan los especialistas consultados
por Colegios & Empresas.
En este sentido, la psicóloga Adriana Panerini, indica que
en los casos como el del ejemplo que introduce esta nota "la
comunicación familiar esta afectada desde antes de la era
de la computadoras. Probablemente esa pareja, antes de tener sus
hijos, comía con la televisión en la cocina y tenía
pocos espacios de dialogo. Aunque esto no niega que las nuevas tecnologías,
especialmente Internet, tengan una liquidez que se impregna de tal
modo que se hace difícil de limitar; son tentadoras".
También es cierto que muchas veces elegimos lo mas cómodo.
Los padres están ocupados en sus actividades y responsabilidades
y la falta de tiempo termina atentando contra esa necesidad de compartir
espacios con los chicos. Por ejemplo, muchas veces cuando los nenes
son chiquitos y la madre necesita hacer otro quehacer en la casa,
recurre a la televisión como chupete electrónico y
sienta al niño frente a la pantalla, para que este entretenido
y no la moleste, aunque sea por un rato. "No siempre tenemos
ni el tiempo ni las ganas de jugar con lo nenes hasta que se les
pase al aburrimiento", dicen los especialistas.
Por eso, el secreto está en darle más atención
a los menores. Los padres se quejan de la falta de comunicación
con sus chicos adolescentes, pero esos mismos padres son los que
viven también enganchados con la tecnología, tienen
dos o tres celulares que nunca apagan y están más
pendientes de sus trabajos que de lo que pasa en el hogar. "Si
queremos lograr cambios hay que darles un buen ejemplo a los hijos",
esta es una máxima elemental
que recomiendan los profesionales. "A veces los adultos vivimos
tan enchufados que así evitamos algo fundamental para el
ser humano, que es la comunicación. Hoy por hoy la gente
no ve a los otros y no lo hace porque no se ve a misma", precisa
Penerini.
Todo es un tema de límites y de ganas. Pero hay que empezar
por cada uno, "si los padres están en la playa con una
notebook encendida todo el tiempo, por ejemplo, desde ese modelo
no se puede pretender el chico entable el diálogo",
acota la especialista en maternidad y crianza. "El punto es
que las tecnologías --continua-- parecerían llenar
solo espacios que están vacíos. Es decir, si yo no
hablo con mis hijos, no me vinculo ni comparto momentos con ellos,
entonces, probablemente ellos intenten completar esa falta con lo
primero que tengan a mano. Y hoy por hoy estas propuestas se presentan
como muy seductoras a la hora del entretenimiento". Tampoco
hay que demonizar las tecnologías porque con un uso racional
suelen simplificarnos mucho la vida; simplemente hay que saber poner
límites y horarios para estar frente a la pantalla y buscar
alternativas para compartir, que estén más vinculadas
con los artístico o lo deportivo.
"Los chicos muchas veces se aburren, entonces está en
los padres generar otras propuestas; un contacto físico",
sugiere Panerini. Entre las actividades para hacer con los hisjo
suele ser divertido compartir un juego de mesa, una charla, un paseo
en bicicleta, ir a pescar o simplemente tomarse el tiempo para ir
de compras con nuestra hija adolescente. Todo puede ser una buena
oportunidad para charlar y compartir tiempo juntos y lograr, así,
un cercamiento.
ø
por Maria de los Angeles Riedel
Profesionales consultados
# Adriana Panerini.
Licencia psicología, especialista en maternidad y crianza
y directora de www.bebeabordo.com.ar
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