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partió rumbo a algún pueblo perdido de Santa Fe, Córdoba,
Santiago del Estero, Chaco, Tucumán, Salta o Jujuy. Empujado
por una locomotora, los tres vagones del tren hospital de la Fundación
Alma no cargan pasajeros ni granos, sino un equipo de médicos
clínicos, pediatras, odontólogos, asistentes sociales,
técnicos radiólogos, de laboratorio y enfermeras que,
en forma voluntaria, se toman diez días de sus vidas para
dedicarlos a brindar un servicio médico y sanitario gratuito
a los que más lo necesitan. En las localidades que visitan,
los esperan --como desde 1980--, chicos de hasta 18 años
que saben que esa será una de las pocas oportunidades que
tendrán para visitar a un medico especializado, sin tener
que recorrer cientos de kilómetros hasta el hospital mas
cercano.
En lo que va de 2008,
el Alma realizó cuatro viajes a pequeñas ciudades
donde escasean las posibilidades de acceso a la salud. Uno de esos
trayectos incluyó por primera vez el norte de la provincia
de Córdoba. "En cada viaje se atienden alrededor de
500 chicos", cuenta el pediatra y coordinador médico
del tren, Antonio Infantino, quien es voluntario del Alma desde
hace unos cinco años. "Durante toda mi carrera estuve
involucrado en proyectos en favor de la comunidad, en villas de
Avellaneda, Lanús y Berazategui, y luego me enganché
con el propósito de la fundación, que esta lleno de
desafíos. En cada viaje hay dificultades, pero las sabemos
afrontar"", dice.
El especialista cuenta
que las enfermedades mas comunes que detectan en los chicos que
se acercan a los vagones-consultorios son las respiratorias, anemias,
desnutrición, tuberculosis, lepra, parasitosis y caries.
Pero también hay particularidades según la región:
en Tucumán, por ejemplo, y como consecuencia de mascar caña
de azúcar, los odontólogos encuentran muchas caries
y falta de cuidado bucal. En Chaco, donde abunda la contaminación
del agua, la tierra y el aire, son comunes los casos de parásitos
intestinales. Y en el norte de Córdoba, las enfermedades
de la piel, por la exposición de los chicos a las Salinas,
ubicadas en la localidad de Mansilla (en el límite con Santiago
del Estero), son la orden del día.
Para poder funcionar,
el Alma recibe ayuda de laboratorios y empresas privadas, como así
también del Ferrocarril Belgrano Carga. La prioridad para
la gente de la fundación es asegurar que los viajes que realizan
desde abril a noviembre de cada año (entre cinco y siete),
se hagan efectivos.
"En estos casi treinta
años de funcionamiento del tren hospital se sigue yendo casi
a los mismos pueblos", cuenta Infantino. "Algunos crecieron
-sigue--, pero la necesidad sigue existiendo y este servicio continúa
siendo necesario".
El tren hospital que
acaba de ser reconocido por la Sociedad Argentina de Pediatría
(SAP) con la Distinción al Mérito, que reconoce a
organizaciones o personas "que se destacan en su labor por
el bienestar de los niños y adolescentes", pero lamentablemente,
por razones ajenas a la fundación, y vinculadas al estado
de las vías, el ferrocarril dejó de llegar a La Rioja
y Formosa.
El vehiculo tomó
forma cuando Ferrocarriles Argentinos cedió a la Fundación
Alma tres vagones de trocha angosta para transformarlos en un centro
de salud ambulante. En sus 28 años, asistió a casi
80 mil chicos. El próximo viaje del tren, el 164, tendrá
como destino el norte de Santa Fe y el sur de Chaco y saldrá
desde el andén 6, del Ferrocarril Belgrano, en Retiro, para
continuar con su labor solidaria.
ø por Sebastián
Oliel
Más información
Los profesionales de la salud interesados en participar
de los viajes del Alma pueden solicitar información a info@fundacionalma.org.ar
o al 4963- 8394.
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